Se puede ser feliz sin sexo

Socialmente activos, sanos y normales, la última etiqueta en materia de libido y deseo se refiere a hombres y mujeres que, simple y llanamente, no tienen interés alguno por el sexo.

Se puede ser feliz sin sexo

Si eres de los que todavía creen que el universo sexual se reduce a heteros, gays, bi o transexuales, andas bastante equivocado. Existen otras orientaciones que congregan a numerosas minorías tan válidas como las arriba mencionadas. Entre estas, los asexuales serían una de ellas, comunidad de personas empeñadas en sentirse normales pese a quienes les tachan de extraños o incluso de hasta enfermos mentales. ¿Por qué?

Hoy día es bastante difícil concebir la idea de una persona totalmente sana que piense que las emociones hacia otros no necesariamente han de canalizarse a través del sexo.En verdad todo gira en función de la atracción sexual. Hetero hacia el sexo opuesto, homo hacia el mismo, bi hacia los dos… Pero, ¿qué ocurre con aquellos humanos que no sienten deseo alguno por nadie? Cumpliendo con la premisa que nos caracteriza de etiquetar cualquier condición, estos ya han recibido su particular sambenito: asexual, un término todavía no demasiado conocido, pero que cada vez suena con más insistencia en nuestro pequeño mundo global para catalogar a quienes piensan que las emociones y la comunicación no necesariamente deben canalizarse a través de la cama.

“¡Soy asexual!” Parece increíble e incluso es bastante difícil concebir la idea de una persona totalmente sana que sea cien por cien indiferente al sexo, más todavía en una época que promueve el disfrute carnal en una amplísima multitud de ámbitos y donde hasta los orgasmos se concentran en fantásticas píldoras azules. Pero cada vez va cogiendo más cuerpo y fuerza este nuevo movimiento sexual que se desmarca de lo tradicional para gritar a los cuatro vientos que ¡se puede ser completamente feliz sin sexo!

Socialmente activos, sanos y normales, los asexuales reclaman su derecho a ser respetados como tales sin que los cataloguen como enfermos, locos o bichos raros.Socialmente activos, sexualmente pasivos, disfrutan de la soledad, pero a la vez cultivan la amistad y buscan en ella ese apoyo y comprensión que a veces echan de menos en derredor. Les gusta verse como ángeles terrenales, que jamás se han excitado por el contacto de una piel o el sabor de unos besos, y que reclaman su derecho a ser respetados sin que les cuelguen ni siquiera el cartel de “bichos raros”. ¿Nos encontramos ante el nacimiento de una revolución asexuada? Aún es pronto para afirmarlo pero lo cierto es que tres de cada cien personas del planeta se declaran asexuales, es decir, no practican el sexo, pero no por cuestiones éticas o morales, que sería una opción conocida como celibato, sino porque, simple y llanamente, no les interesa.

Los hay que sostienen que el bombardeo sexual al que nos someten a diario los distintos medios de comunicación a través de la publicidad, el cine, la televisión… puede ser causa de repugnancia y conductas de este tipo. Otros, que el temor excesivo a las enfermedades de transmisión sexual, y muy especialmente al sida, también puede dañar notoriamente la vida íntima de algunas personas e, incluso, conducir a la asexualidad. También los que consideran que es posible nacer así ya que hay gente que viene al mundo con una secreción hormonal menor, con una biología menos intensa. Existen, a su vez, algunos tipos de anemia que eliminan el deseo: mucha gente convive con una enfermedad sin ser consciente de lo que le sucede a su cuerpo. No es extraño que la depresión, el estrés o cualquier otro exceso de adrenalina (traducida en ira, alegría o tristeza extremas) produzca una pérdida del apetito carnal. La creciente expectativa y presión cultural por estar a la altura puede considerarse como otra de las causas que influyen notoriamente en la naturalidad de las relaciones físicas y el apetito sexual.

Como se observa, no existen, pues, unos criterios estrictos que determinen quién es o no asexual. Además, nadie experimenta la asexualidad de la misma forma. Por ello, para ofrecer alguna claridad sobre esta orientación, AVEN -Asexual Visibility and Education Network-, la comunidad asexual en línea más grande hasta la fecha, define al ser asexual como “una persona que no experimenta la atracción sexual”, y para explicarlo tipificó en su día esta orientación clasificándola de la A a la D.

A: tiene apetito sexual, pero ninguna atracción romántica.
B: tiene atracción romántica, pero ningún apetito sexual.
C: tiene ambos.
D: no tiene ni lo uno ni lo otro.

En la actualidad la misma asociación ya no emplea este sistema por considerarlo demasiado estricto y arcaico, si bien existe un buen número de asexuales que siguen sintiendo que es un excelente sistema para explicar su identidad sexual.

Prescindir del coito no significa renunciar a la pareja. Y es que los asexuales también se enamoran.Ahora bien, esta gente tampoco está exenta de problemas emocionales que generalmente se presentan en su relación íntima con los demás ya que, ¿es posible la pareja sin sexo? Porque veamos, por el simple hecho de carecer de impulso sexual, por qué iban a tener que renunciar a compartir la vida con alguien, al ocio, los miedos o los secretos que ello conlleva. Además, el afecto se puede demostrar a través de numerosos caminos, una buena conversación, sin más. Entonces, ¿pareja? Sí, por supuesto. Prescindir del coito no significa renunciar a la misma. Y es que los asexuales también se enamoran. La gente asexual tiene las mismas necesidades emocionales que el resto de los humanos y es capaz de formar relaciones perfectamente. El enamoramiento no tiene por qué conllevar el contacto físico. Este lazo afectivo hacia la pareja puede resultar para el resto de los mortales sexuados ambiguo, un sentimiento más cercano a la amistad que al amor. Sin embargo, el no tener actividad bajo las sábanas no es un concepto nuevo. Matrimonios sin sexo siempre han existido y existirán. Una forma de convivencia diferente, pero en muchos casos muy eficaz. Todo es posible mientras se tengan en cuenta los deseos de ambos; la negociación, pues, debe ser primordial. Por supuesto será más sencillo cuando ninguna de las partes sienta deseos o ambos compartan una inclinación porque, cuando el rechazo es sistemático, lo habitual es sentirse despreciado y pensar que no te quieren. Por eso, como en todas las relaciones, una comunicación abierta y sincera se torna fundamental.

Siguiendo un poco la línea de este razonamiento, y rizando más el rizo si cabe, podemos hablar, incluso, de asexuales heteros, homo o bisexuales. Y es que esta atracción romántica puede estar dirigida hacia uno o ambos géneros, la única condición: no incluir actividad sexual. El problema es lo comentando, planteándose siempre cuando la otra parte no confesa con esta peculiar filosofía de vida descubriendo que no le es suficiente con la existencia contemplativa que les ofrece su compañero asexuado. Esta es, sin duda, la primera causa de fracaso en este tipo de parejas. Antes de llegar a estos extremos, el ser asexuado deberá elegir entre:

1.Comprometerse con su pareja a tener un cierto número de relaciones sexuales, muy a su pesar.
2.Permitir a su pareja tener relaciones sexuales con otras personas.
3.Encontrar a alguien que esté dispuesto a renunciar al sexo.
4.Comprometerse sólo con otros asexuales.
5.Optar por la soledad.

Leído hasta aquí todavía algunos se pueden escandalizar ante esta tendencia o estilo de vida, no obstante, carecer de impulsos eróticos ya no resulta raro, sino algo que le pasa a mucha gente; pero aunque cada vez son más las personas que están saliendo del armario de la asexualidad, todavía no es una orientación reconocida. Además, pocos son los estudios científicos que avalan esta forma de entender el sexo como ausencia del mismo.

Un estudio británico que analizó dieciocho mil respuestas de personas que fueron encuestadas sobre su vida sexual, incluía una pregunta acerca de la atracción. Un uno por ciento de los encuestados respondió que “nunca se sentía atraído por ninguna otra persona”, dato que fue analizado y que se catalogó como signo de “asexualidad”. Por otro lado, el Kinsey Institute realizó una pequeña investigación sobre este asunto concluyendo que: “Los asexuales parecen caracterizarse más por un escaso deseo y excitación sexual que por niveles bajos de comportamiento sexual o niveles altos de represión sexual”.

También en el reino animal se han detectado comportamientos asexuales. En un estudio realizado a carneros se demostró que entre un dos y un tres por ciento de los animales no mostraba ningún interés en acoplarse con miembros de cualquier sexo. Se hizo otro con ratas y jerbos en el cual más de un doce por ciento de los machos no mostraron interés por las hembras, aunque no se midieron sus interacciones con los otros machos, por lo que el estudio resultó muy limitado.

Pero esta escasa investigación que existe sobre el tema no evidencia, ni a favor ni en contra, si la asexualidad es otra forma de entender el sexo. No existe un consenso a la hora de determinar si la asexualidad es una orientación sexual legítima. Hay quien considera que es la manifestación o, mejor dicho, la no manifestación de un deseo sexual inhibido. Este ha podido ser provocado por abusos sexuales, represión sexual, fobia social, timidez patológica o por problemas físicos. El fantasma de la homosexualidad también planea sobre los que se definen como asexuales, pero en una sociedad en la que este tipo de opción sexual se ha normalizado, salir del armario ya no se convierte en una situación tan trágica como para esconder su verdadera orientación sexual de por vida.

Por otro lado, los expertos consideran que también hay que descartar de este grupo a los que no han practicado sexo en su vida. Es difícil renunciar a algo que ni tan siquiera se ha probado. Por lo que ser virgen no es condicionante de la asexualidad.

Finalmente, hay quien achaca la asexualidad a no haber conocido a la persona adecuada o, simplemente, no mantener relaciones habitualmente ya que es un hecho constatado que el sexo es algo instintivo que, cuanto menos se practica, menos apetece.

Pero cada vez son más los especialistas que coinciden en considerar la asexualidad como una opción asumida y no como un trastorno patológico. Por lo tanto, es absurdo pensar en tratamientos mágicos que les devuelvan una libido que nunca existió.

Pensar en diagnósticos y tratamientos cuando la asexualidad no produce ninguna angustia ni desorden emocional, no hay problema físico ni psicológico, resulta ciertamente absurdo.Así pues, ¡ni locos, ni enfermos, ni homosexuales! Esta línea es la que siguen muchos de los que se autodefinen como asexuales. Pensar en diagnósticos y tratamientos cuando la asexualidad no produce ninguna angustia ni desorden emocional, no hay problema físico ni psicológico, resulta ciertamente absurdo. Los mismos razonamientos se utilizaron en el pasado para justificar los comportamientos homosexuales y hoy día se ha aceptado de forma natural como una orientación sexual más y tan válida como cualquier otra. Y este, a buen seguro, será el siguiente paso para la asexualidad.

CELEBRIDADES ASEXUALES
Hay serios indicios de que la gente que aparece en la lista que sigue son o han sido asexuales. Reales o de ficción, en principio se especuló con su tendencia homosexual o bisexual, pero a raíz del resurgimiento de esta nueva corriente, se les ha comenzado a encasillar bajo esta tendencia sexual.

Frédéric Chopin. Su propia compañera durante diez años, George Sand, así lo afirmaba, y se definía también como asexual.

Salvador Dalí. Según el mismo pintor español, su madre le “devoró” el pene cuando era pequeño y en su libro ‘Vida secreta’ zanjó el tema del sexo con un “aquello no es para mí”. Mantuvo una larga relación con su musa Gala a la que, sin embargo, jamás puso una mano encima, si bien toleraba que se acostara con otros hombres.

Sherlock Holmes. Personaje de ficción, es el ser asexual por excelencia.

J. M. Barrie. Novelista y dramaturgo británico, famoso por crear el personaje de Peter Pan. A causa de la actitud de total indiferencia que hacia él tenían sus padres, padeció enanismo psicogénico y jamás creció, ni por dentro (de ahí su asexualidad) ni por fuera (nunca pasó del metro y medio escaso de altura). Estuvo casado con la actriz Mary Ansell, pero jamás tuvieron sexo ni descendencia y su historia terminó en divorcio.

Henry Cavendish. Físico y químico británico, también se dice de él que padecía autismo o una forma extrema de fobia social.

Adolf Hitler. Cuya sexualidad o falta de ella fue discutida en el libro The Hidden Hitler. Tuvo relaciones platónicas con varias amantes, como Eva Braun, a la que siempre escondía. (Marlene Dietrich le describiría más tarde como “un capullo que tenía miedo a las mujeres”.)

Paul Bowles. Escritor norteamericano, autor de ‘El cielo protector’. Conoció en 1937 a la británica Jane Sydney Auer, una novelista lesbiana enferma de tuberculosis. Su matrimonio constituyó una sólida y romántica relación asexual, que no supuso obstáculo alguno para que Jane continuara con su búsqueda de nuevas amantes.

Barbara Cartland. Escritora inglesa de novela romántica, aunque su vida carecía de sexo.

Isabel I de Inglaterra. “La reina Virgen”, a la que nunca se le pudo atribuir roce sexual alguno. A pesar de esto, era una mujer muy enamoradiza, que estuvo loca hasta los huesos por Felipe II de España, con el que siempre mantendría una gélida relación de amor-odio.

Edward Gorey. Genial y excéntrico ilustrador obsesionado con el ballet y la estética victoriana, que vivió feliz en un gran caserón, rodeado de libros y gatos. Murió virgen. A la pregunta de “¿qué o quién es el gran amor de su vida?”, Gorey respondería: “los gatos”.

Franz Kafka. El autor de ‘El proceso’ o ‘Metamorfosis’ era capaz de sentir amor, pero siempre albergó una enfermiza aversión por el sexo. En sus Diarios, escribió lo siguiente: “El coito como castigo por la felicidad de estar juntos. Vivir en lo posible de manera más ascética que un soltero, esa es la única posibilidad para mí de soportar el matrimonio. ¿Pero ella?”.

Isaac Newton. Este eminente científico y matemático inglés creció en un ambiente extremadamente puritano, que además de forjarle una personalidad depresiva, le hizo engendrar una absoluta indiferencia por los asuntos de la carne, aunque los haya que aseguren que mantuvo encuentros con alguno de sus discípulos.

Y continúa… George Washington Carver, Paul Erdos, Glenn Gould, Immanuel Kant, Christopher McCandless, Quietus, Ravel, John Ruskin, Alberto Santos-Dumont, Erik Satie, George Bernard Shaw, Stephen Somerville, Jim Steinman, Sun Ra, Nikola Tesla, Carlos II de Suecia, Ralph Nader

EN CONCLUSIÓN
La asexualidad es un fenómeno en alza, especialmente entre los treintañeros. Una opción tranquilamente asumida y ya para nada avergonzante.La asexualidad es un fenómeno en alza, especialmente entre los treintañeros. Hasta ahora, el sexo era una forma de apariencia, según la cual debía seguirse un nuevo dictado y donde el número y la cantidad resultaban reveladores de una personalidad atractiva. Sin embargo, cuestiones como “¿cuánto tiempo llevas sin hacer el amor?” o “¿sólo lo haces una vez al mes?”, efectuadas con gesto de incredulidad o desdén, no son ya un problema para unos asexuales que han decidido dar la cara y salir a la calle a reclamar su derecho a ser respetados por su condición sexual de nueva minoría mientras al mismo tiempo tratan de ganar adeptos organizándose en clubes y asociaciones de todo tipo.

Y es que el sexo ha quedado tan desprovisto de su carácter enigmático y arrebatador, de su magia, y convertido tan solo en una triste fotografía estática y preconcebida de lo que siempre tienen que ser las relaciones sexuales: “un buen polvo”, que es posible que por eso, y paradójicamente, las nuevas emociones se sitúen más allá y en algo tan simple como puede ser una buena cena.

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El "cómo me llamo" marca nuestra vida. El nombre es nuestra tarjeta de presentación, aquello que para bien o para mal nos distingue de la masa. Nos singulariza aunque, a veces, en demasía. Lo que para unos es motivo de orgullo, parte esencial de su ser, incluso un fragmento de su propia alma, para otros es una pesada carga difícil de llevar y dura de soportar.

¿Por qué somos como somos? La personalidad se compone de tres estados básicos: padre, adulto y niño, que hacen actuar al individuo de una u otra manera, según sea el momento en que se encuentra. Cada una de ellas es una diferente manifestación del yo. Y de las tres formas puede reaccionar una persona ante una situación concreta.

Viejas canciones. Siempre están ahí: rondando en las veredas o en los patios de las escuelas, repetidas día tras día, sufriendo un proceso de trasvasamiento de generación en generación, pero conservando toda la esencia y la pureza del mensaje. Cuando uno las escucha, los recuerdos se afanan por rescatar los años pasados y volver a esos días.




2 comentarios en "Se puede ser feliz sin sexo"

  1. Isis  12 Diciembre, 2015 en 2:29 pm

    Creo que mi pareja es asexual. No sé cómo tocarle el tema, confío en que sea él quien me lo diga, pero en el fondo me alegra que lo sea, porque eso significa que me quiere por quien soy, y no para acostarse conmigo. Yo sí podría estar toda la vida con él sin sexo. Saludos.

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  2. azulprofundo  24 Diciembre, 2015 en 1:55 am

    Alguna vez escuché decir a alguien que las personas que no tenían sexo eran personas amargadas, a lo que exclamé: “¡este tipo está loco!”. Aunque he tenido relaciones con un único hombre en mi vida (mi esposo), nunca me he sentido cómoda con el sexo. Un día me sinceré con él y le dije que no me gustaba el sexo. Él trató de disuadirme y convencerme con el acostumbrado argumento de la comunicación a través del sexo. Amo a mi esposo, lo acepto como es, hablamos delicioso, nos reímos, compartimos ideas y lo pasamos muy bien. Nos divertimos, lo acaricio, le doy muchos besitos. Pienso que este amor va más allá de lo terrenal, y es plenamente espiritual.

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