¿Hacia dónde viajan los continentes?

Desde siempre los continentes han estado en continuo movimiento, agrupándose en un solo bloque, o disgregándose sucesivamente. ¿Y en el futuro?

¿Hacia dónde viajan los continentes?

Las más recientes teorías geológicas señalan que durante la historia de la Tierra los continentes han estado en continuo movimiento, agrupándose en un solo bloque, o disgregándose sucesivamente hasta adquirir una configuración similar a la actual. Los científicos sospechan ahora que las placas continentales se encaminan a la formación de un nuevo supercontinente, lo que podría ocurrir dentro de trescientos millones de años.

Llegará un día en que la península ibérica dejará de serlo. Estará rodeada de tierra, en medio de un gran supercontinente formado por los que hoy están dispersos en la superficie del planeta. África seguirá al sur, pero el estrecho de Gibraltar no existirá; América estará aún al oeste, pero sin Atlántico por medio. Para ello, deberán pasar unos trescientos millones de años. Mucho tiempo, pero necesario para que la corteza terrestre, siempre en movimiento, adquiera una configuración similar a la que tuvo hace algo más de doscientos millones de años, cuando contaba con un único continente, Pangea, rodeado de un fantástico océano, el mar de Tetis.

Fue Alfred Wegener, un climatólogo de formación, quien propuso esta teoría geológica a principios del siglo XX. Se llamó deriva continental, y, básicamente, decía que los continentes habían estado agrupados en algún momento y que, tras un período de disgregación, se encaminaban hacia la formación de otro supercontinente.

La distribución geográfica de los fósiles fue uno de los argumentos que usó Alfred Wegener para demostrar la veracidad de su teoría.Cuando, valiente, Wegener hizo pública su hipótesis, en el Congreso Internacional de Geología de Nueva York, en 1926, la sociedad geológica le recibió como a un loco. Todo ello a pesar de que apoyó su teoría en diferentes hechos, y demostró que a uno y otro lado del Atlántico, en África y América, existían los mismos tipos de fósiles, idénticos materiales e iguales características. Llegó incluso a sugerir algo tan simple como que, si se recortan las costas de Sudamérica y las de África y se las une, encajan casi perfectamente.

Wegener mostró que si se recortan en un papel los continentes y se los une, encajan perfectamente.Aunque años más tarde se confirmaría que la teoría de la deriva continental era correcta, nadie creyó a Wegener, que murió en el más absoluto descrédito. Hasta los años sesenta, siguió siendo anatema entre muchos geólogos y estudiantes. Pero a pesar de esta cerrazón, ya en la década de los cincuenta se había hecho un descubrimiento que cambiaría la faz de la geología: el paleomagnetismo.

El paleomagnetismo es un método de registro de los materiales del pasado que se basa en que las lavas tienen una gran cantidad de cristales de magnetita, y esos cristales, en el instante en que la roca está a punto de solidificarse, se orientan marcando el campo magnético existente en ese momento. Así señalan la situación del polo en la época en que se enfriaron.

El Himalaya, de acuerdo con la teoría de la tectónica de placas, es el resultado de la colisión de la placa India y la placa de Eurasia.Después de este descubrimiento, no había más que buscar rocas de la época en la que se suponía que había existido el gran supercontinente, llamado Pangea por Wegener, hacer un estudio paleomagnético y reconstruir la disposición de los continentes. Esos estudios confirmaron lo que había defendido Wegener en 1926. Hace aproximadamente doscientos millones de años, todos los continentes estaban integrados en uno, pero se disgregaron. Uno de los movimientos más espectaculares es el de la placa del Indostán, que hace 240 millones de años estaba casi en el polo Sur; sesenta millones de años después, empieza a avanzar hacia el norte, y hace sesenta millones de años choca, en la colisión más brutal que ha conocido la Tierra, con el continente indosiberiano. A consecuencia de ello, se formó la cordillera más formidable de la corteza terrestre: el Himalaya.

Demostrada ya la existencia de Pangea hace doscientos millones de años, los geólogos no se quedaron ahí. Comenzaron a estudiar si la disposición actual de los continentes se debía a que continuaban separándose tras la disgregación del gran supercontinente, o si habían tomado otro rumbo, quizá encaminado a una nueva reagrupación.

Los resultados de los estudios sobre el movimiento actual de las placas continentales han ofrecido algunos datos muy significativos. El océano Atlántico está abriéndose, desde hace entre 100 y 180 millones de años, a una velocidad media de 2,5 centímetros por año. Las mismas investigaciones señalan que este crecimiento tiene un límite. Llegará un momento en que los materiales de las orillas del océano alcancen tal densidad que la apertura no pueda continuar y comience a cerrarse. Se calcula que este proceso, inverso al que está desarrollándose en la actualidad, comenzará dentro de unos 150 millones de años. El Atlántico volverá otra vez a iniciar un proceso de cerramiento hasta su total desaparición, lo que ocurrirá dentro de 250 millones de años, cuando Sudamérica vuelva a colisionar con África y Norteamérica choque con Europa.

Por el contrario, el mar Rojo será, dentro de doscientos millones de años, un océano, ya que las costas de la península arábiga se están separando de las de África unos dos centímetros al año. Además, el crecimiento del mar Rojo empuja al continente africano hacia las costas mediterráneas de Europa.

Las cordilleras que existen en los fondos de los océanos (dorsales oceánicas), son lugares de afloración de nuevos materiales lo que provoca su crecimiento.El océano Pacífico ve como en la actualidad crece la superficie de su fondo. Pero en este caso mucho más deprisa que en el Atlántico, ya que en algunas zonas se alcanzan velocidades de diecisiete centímetros al año. Y así, por ejemplo, investigaciones llevadas a cabo entre los años 1988 y 1990 constataron que, durante ese tiempo, las islas Galápagos se habían aproximado nada menos que veinte centímetros a las costas de Ecuador.

Uniendo todos los datos sobre los movimientos actuales de los continentes y los océanos, el resultado es que, dentro de algunos cientos de millones de años, todos aquellos estarán agrupados en un supercontinente. No tiene por qué ser necesariamente en la misma posición que tuvo hace doscientos millones de años, pero quizá la disposición sea muy parecida. Lo que no está claro es lo que ocurrirá con la Antártida; no se sabe si se unirá al resto de los continentes por el Índico o por el Pacífico. Pero en cualquier caso este es, básicamente, el esquema de lo que sucederá en los próximos millones de años.

CICLO DE WILSON
J. T. Wilson (1908-1993) propuso los fenómenos térmicos como la causa del desplazamiento de las placas continentales.La mayoría de los investigadores, pues, está de acuerdo en que hace doscientos millones de años existió un único supercontinente en la corteza terrestre, y que el movimiento actual de las placas continentales refleja que se encaminan hacia la formación de otra Pangea. La pregunta que seguidamente se hicieron todos los geólogos del mundo es si antes de la Pangea que describió Wegener podría haber habido ya otros supercontinentes. Respecto a esto, no hace mucho tiempo que se llegó a la sorprendente conclusión de que en el movimiento de la corteza terrestre se manifiesta un comportamiento ordenado. Así, cada pocos cientos de millones de años todos los continentes se congregan en una masa de tierras, un supercontinente.

De izquierda a derecha evolución de la corteza terrestre: La Tierra hace 200 millones de años, 180 millones de años, 135 millones de años, y hace 65 millones de años.A principios de los años setenta del siglo pasado, John Tuzo Wilson, geofísico canadiense, señaló los fenómenos térmicos del interior de la Tierra como posible causa de la dispersión y posterior reunificación de un continente, mediante periódicas aperturas y cierres de los océanos. Apuntó una idea interesante, que se llamó ciclo de Wilson, según la cual las configuraciones de los continentes a través de los movimientos de las placas podían ser recurrentes. Imaginó una situación inicial de una Pangea que se dispersa y vuelve a reagruparse cíclicamente. Para desarrollar esta idea, que en su origen fue sólo una hipótesis de trabajo, Wilson se basó en los datos geológicos que existían sobre el océano Atlántico, que demostraban que este se había abierto y cerrado en repetidas ocasiones a lo largo de la historia de la Tierra.

Wegener estudió en Groenlandia todo lo que pudiera aportar datos sobre la existencia de Pangea.Más tarde, varios investigadores trabajaron sobre la hipótesis de Wilson, y defendieron la existencia de un ciclo supercontinental con un período de unos quinientos millones de años; es decir, sugirieron que con un intervalo aproximado del tiempo que se menciona los continentes se agrupan en un único y enorme supercontinente.

Para llegar a fijar el ciclo en quinientos millones de años, estos geólogos, debieron buscar en la corteza terrestre las pruebas que lo confirmaran. Los momentos de formación de supercontinentes deben acarrear, basándonos en el esquema teórico, algunas consecuencias comprobables. La primera de ellas sería una crisis climática, motivada por el hecho de que los supercontinentes son más favorables a periodos glaciares debido al clima continental, y la segunda sería una gran crisis en la biosfera, ya que un único continente formaría una sola provincia biogeográfica, y, por tanto, habría bastante menos diversidad de especies. Entonces, los momentos de grandes extinciones deberían coincidir con supercontinentes.

Demostrar el ciclo de Wilson, o, lo que es lo mismo, la formación de sucesivos supercontinentes en la corteza terrestre, parece fácil, ya que no habría más que buscar en qué momentos se han producido glaciaciones y extinciones en masa en la Tierra. El problema es que hacer esas investigaciones no es tan sencillo.

La deriva de los continentes (basado en dibujos de Wegener).Hace doscientos millones de años, en el momento en el que se supone que existió la última Pangea, se produjo una glaciación y hubo la mayor crisis de extinción de la historia. Se ha comprobado que esos fenómenos han ocurrido en las épocas de la historia de la Tierra que conocemos mejor, es decir, en los últimos 500 o 600 millones de años. Ahí la teoría funciona bien, aunque no perfectamente. Pero, si vamos hacia atrás, las cosas empiezan a difuminarse. Lo que es lógico, porque el registro es peor. El anterior supercontinente comprobado tuvo lugar hace unos seiscientos millones de años. En esa anterior Pangea, se aprecia lo que podría ser una crisis biológica, pero está menos comprobada porque la diversidad de la biosfera era menor. Y en una biosfera con pocos habitantes es mucho más difícil documentar una extinción. Desde luego, hay documentada una glaciación impresionante en esa época.

Por lo que se refiere a las crisis climáticas, se sabe que hay vida en la Tierra desde hace por lo menos 3.500 millones de años, pero esa vida es microfauna, e intentar reconstruir crisis faunísticas con esos pocos elementos es prácticamente imposible. A pesar de las dificultades, los geólogos que han desarrollado la teoría del ciclo de Wilson afirman que han conseguido datar cinco ciclos supercontinentales anteriores con pruebas paleomagnéticas, de glaciaciones y de crisis biológicas, lo que les ha permitido fijar la duración del período en aproximadamente los ya escritos quinientos millones de años.

Si la teoría del ciclo de Wilson es cierta, la próxima Pangea estará configurada dentro de aproximadamente trescientos millones de años. Entonces, la superficie del planeta tendrá una apariencia muy diferente a la que posee en la actualidad: un inmenso océano rodeando un único y enorme supercontinente, en medio del cual se encontrará lo que hoy es la península ibérica.

Y no podemos acabar sin hacer una pequeña referencia al…

PADRE DE LA GEOLOGÍA MODERNA
Alfred Wegener (1880-1930), el precursor de la geología moderna.Alfred Wegener puede ser considerado como el precursor de la geología moderna. Sin embargo, vivió y murió rodeado del más enorme descrédito por parte de los geólogos. Nació en Berlín en 1880 y realizó sus estudios universitarios en esa ciudad, Heidelberg e Innsbruck, antes de trabajar durante un año como astrónomo en el Observatorio de Berlín. Pero poco después se desentendió de la astronomía para consagrarse a la meteorología. Se trasladó entonces al Observatorio Aeronáutico de Lindenberg.

Una de las actividades que más le apasionaron fueron las expediciones a Groenlandia. Aquellos viajes al Gran Norte eran auténticas aventuras: casi sin mapas, sin aviación, sin radio… Pero, a cambio, los objetivos científicos eran múltiples: cartografía, climatología y física de la atmósfera. Wegener se interesaba también por encontrar las pruebas que respaldaran su teoría de la deriva continental. En 1906, realiza su primer viaje a Groenlandia. La expedición la dirigió el danés Mylius-Erichsen, que murió de frío y de hambre junto a otros dos de los componentes. Wegener realiza aquí sus primeros trabajos de meteorología polar.

En 1924, publica con Wladimir Köppen un libro sobre climatología en el que explican ciertas anomalías climáticas del pasado producidas por la deriva de los continentes a partir de pruebas climáticas; pero no se quedó ahí. Buscó y encontró pruebas paleontológicas, geológicas y geográficas de que los continentes habían estado unidos en el pasado.

Estación Eismitte (en alemán significa "en el centro del hielo") en 1930.En 1930 realizó su último viaje a Groenlandia. Wegener se había propuesto estudiar, desde un punto de vista meteorológico y geofísico, la capa glaciar de una costa a otra. Para ello, contaba con veinte hombres repartidos en tres estaciones; una en cada costa y la tercera, Eismitte, en medio de los hielos. Wegener desembarca en junio de ese año en la costa oeste, y el 21 de septiembre se dirige a Eismitte, donde espera el avituallamiento, acompañado por un joven esquimal, Rasmus Willumsen, y uno de sus investigadores, Fritz Loewe. Soportan 50º bajo cero durante cuarenta días, treinta grados menos de los que habían previsto para llegar a la estación. El 30 de octubre consiguen por fin llegar; sin embargo, Loewe tenía los pies congelados, y, por ello, no pudo emprender el viaje de regreso. La situación era desesperada. Exhaustos, sin combustible ni provisiones suficientes… Se decidió que Wegener y su compañero esquimal volvieran a la costa. Wegener celebró su cincuenta aniversario el 1 de noviembre de 1930 y salieron a la mañana siguiente. El 8 de mayo de 1931, a 189 kilómetros de la costa, se encuentra entre la nieve el cuerpo sin vida de Wegener envuelto en su bolsa de dormir y con una piel de reno. Sus manos no mostraban congelamiento, lo que indica que no murió durante el camino a causa del frío, sino probablemente dentro de su tienda de campaña a causa de un paro cardiaco producido por un esfuerzo físico extremo. El científico había marcado el lugar con sus propios esquíes antes de morir. El cuerpo de Willumsen nunca se recuperó, como tampoco el diario de Wegener que posiblemente contenía sus últimos pensamientos. Fue enterrado allí mismo bajo una alta cruz hecha con los tubos que se utilizaban para los sondeos. Hoy, esta cruz ha desaparecido bajo una espesa capa de hielo.

La teoría de la deriva continental de Alfred Wegener representa uno de los conocimientos más importantes del siglo XX. La importancia actual de la tectónica de placas es indiscutible y ha sido pieza fundamental para poder explicar la formación de las grandes cordilleras y la actividad sísmica, y ha provisto una herramienta central a la biogeografía histórica para reconstruir la distribución pasada y entender la distribución actual de los organismos.

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