El curioso impacto de las percepciones

Obligados a comer comida sana, comer esa comida nos da hambre. Se tiene más hambre que si no se hubiese comido nada, o que si se hubiera comido sin pensar en lo saludable de la comida.

El curioso impacto de las percepciones

Si esperamos perder peso, debemos tratar de no enfocarnos en lo saludable que es, por ejemplo, esa ensalada baja en grasa que comimos para el almuerzo ya que, según estudios realizados, la gente a quienes se les pidió que probara una comida descrita como “sana” reportó luego sentirse más hambrienta que las personas que comieron la misma comida pero que les fue descrita como “sabrosa”. Y es que cuando la gente se siente obligada a comer comida sana, comer esa comida les da hambre. Tienen más hambre que si no hubieran comido nada, o que si hubieran comido sin pensar en lo saludable de la comida.

Llevados a término varios experimentos para explorar el impacto de las percepciones sobre el contenido de salud de los alimentos, y qué tan satisfechas hacía sentir a las personas, investigadores pidieron a medio centenar de estudiantes universitarios que probaran una barra de proteína con sabor a chocolate y frambuesa. A una parte de los estudiantes se les dijo que estaban probando “una nueva barra saludable” que contenía muchas proteínas, vitaminas y fibra, o que era “una barra muy sabrosa con un centro de chocolate y frambuesa”. Después, cuando se les pidió que calificaran su hambre, los que comieron la barra “saludable” se calificaron como más hambrientos que los que habían comido la misma barra, pero calificada de “sabrosa”. Seguidamente, a un tercer grupo de estudiantes se les pidió que examinaran las barras y que calificaran su hambre, pero no comieron ninguna barra. Sus niveles de hambre fueron más o menos los mismos que los de los estudiantes a quienes se describió la barra como “sabrosa”, o sea, que comer la comida “sana” en realidad provocaba más hambre que no comer nada.

Comer alimentos sanos tal vez nos permita creer que progresamos hacia las metas de salud, pero nos engaña y nos hace pensar que tenemos más hambre de la que realmente tenemos.Para las personas a dieta, tal vez haya un proceso de toma de decisiones similar cuando eligen una ensalada en lugar de una hamburguesa con patatas fritas en un restaurante, tan solo para ir a casa y comerse un gran postre después. Comer alimentos sanos tal vez nos permita creer que progresamos hacia las metas de salud, pero nos engaña y nos hace pensar que tenemos más hambre de la que realmente tenemos.

Uno de los desafíos de perder peso es que la gente tiende a compensar el éxito parcial comiendo en exceso, y terminan aumentándolo.

En otro experimento, se dio pan a sesenta y dos participantes, y se describió como “bajo en grasas y nutritivo” o como “sabroso, con una gruesa corteza y un suave centro”. Tras probar el pan, se ofreció a los participantes una merienda de galletas, que se consideraban un alimento “neutral”, ni saludable como por ejemplo las zanahorias ni particularmente placentero, como el chocolate. Los participantes que comieron el pan “sano” consumieron más galletas después que los que comieron el pan “sabroso”, aunque los que dijeron estar vigilando su peso tendieron a comer menos galletas que los que estaban relativamente despreocupados.

En un tercer estudio, los investigadores ofrecieron la opción de una barra de proteínas de chocolate y frambuesa, o una barra de proteínas de miel y cacahuetes. Una de ellas se describía al azar como sana, y la otra como sabrosa. Cuando tuvieron la oportunidad de elegir por sí mismos si deseaban la opción sana o el placer culpable, no hubo diferencia en los niveles de comida entre los dos grupos. ¿El motivo? Elegir por sí mismos tal vez significó que estaban más comprometidos con comer sano. Y es que cuando la gente se siente obligada a comer sano, les da más hambre y comen más. Cuando comen los mismos alimentos porque lo eligen libremente, no compensarán comiendo más.

Fomentar la alimentación sana es mucho más complejo que simplemente decirle a la gente cuántas porciones al día de frutas y verduras deben comer.Este tipo de estudios muestra que fomentar la alimentación sana es mucho más complejo que simplemente decirle a la gente cuántas porciones al día de frutas y verduras deben comer. La percepción de que ’sano’ no cumplirá con las metas de disfrute es un mensaje muy potente para todos nosotros. Los alimentos sanos deben tener buen sabor. Desafortunadamente, la gente asume que no sabrá bien. E incluso si tiene buen sabor, sus cerebros tal vez le digan lo contrario.

Las campañas para exhortar a la pérdida de peso deben tener en cuenta el potencial de que los mensajes sobre los alimentos sanos resulten contraproducentes. Simplemente decir que hay que comer sano, perder peso y hacer ejercicio no funciona a menos que los individuos estén comprometidos.

El "cómo me llamo" marca nuestra vida. El nombre es nuestra tarjeta de presentación, aquello que para bien o para mal nos distingue de la masa. Nos singulariza aunque, a veces, en demasía. Lo que para unos es motivo de orgullo, parte esencial de su ser, incluso un fragmento de su propia alma, para otros es una pesada carga difícil de llevar y dura de soportar.

Los libros malditos. Una maldición ancestral pesa sobre algunos libros desde el momento mismo de su invención: a través de los siglos han existido siempre grupos o individuos empeñados en destruirlos. Así, cantidades ingentes del patrimonio cultural de la humanidad ha sucumbido a manos de estos exterminadores del conocimiento.

La Atlántida, el paraíso perdido. Una isla misteriosa y un pueblo fundador de una cultura brillante. El continente de la Atlántida continúa siendo uno de los enigmas más sorprendentes de la historia. Si es cierto que existió, fue una civilización como no ha habido nunca otra igual. ¿Hubo algo de verdad? ¿Encontraremos algún día restos que den sentido a los testimonios?




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